Carta # 4


Es Sábado, es de noche y sobre todo sé que es Enero porque me duelen los huesos o el alma, ya no distingo bien.


De nuevo las doce, miro compulsivamente el reloj, ya me duele la mandíbula de extrañarte, sé que te extraño porque me duele la mandíbula. Siempre fue así desde que era niño, si algo me tenía intranquilo lo sabía por lo mucho que apretaba la mandíbula. ¿Por qué carajos estoy hablando de mi mandíbula? Te extraño Mariana, ya sé que esas cosas las dice cualquier idiota que se siente enamorado. ¿Te has puesto a leer todos esos mensajes estúpidos que se dicen los enamorados? Yo si Mariana, porque es sábado y tú no estás y el tiempo me sobra; debería hacer cosas que me gustan, pero solo me gustas tú y no estas y yo aprieto la mandíbula como diciendo te quiero. ¿Qué es el amor Mariana? Es esto de extrañarte en la madrugada y andar con un hueco en el estómago, con esta rabia con que te quiero, con la que tiro los muebles y las sabanas y quiero romper el vidrio porque la ventana me está asfixiando o es este amor que te tengo que se me cuela por el cuello y me estrangula y yo no ayudo pues aprieto la mandíbula y me falta coraje para salir de la habitación y conocer a alguien mejor que tú, alguien que llame, que me extrañe. Pero yo no quiero a alguien mejor que tú, te quiero a ti, que no llamas, que no extrañas. Te quiero a ti por esta manía de querer siempre al que tiene el arma y lo pone en la sien y dice muere Juan, muere y otra vez soy la puta víctima y no el que te hace daño Mariana. Habría que olvidarnos de esa idea infantiloide del amor, también te digo te quiero con este nudo en el estómago cuando no llamas, con estas ganas de romper el florero, la mesa, los espejos. Te digo te quiero con este egoísmo de querer ser siempre el bueno de la película. Y justo cuando más me dueles, cuando más te odio, cuando la mandíbula está doliéndome tanto, me digo que te quiero aunque no llames, aunque no me extrañes y me brotan la imágenes que guardo de ti, esas que ni tú te podrías llevar, que me son, como una costilla que perdí.
Eres la plaza donde te conocí y te veías tan linda y yo pensaba que suerte que sea ella, y eres las canciones que escuchamos acostados en mi cama y el cigarro que te di para que te pusieras a reír y el primer beso que me diste mientras mirábamos las estrellas en la sierra y me contabas como de niña te gustaba mirar el cielo y yo me sentía afortunado de que fueras tú la que estaba a mi lado. Y sobre todo eres esa noche que hicimos el amor y algo dentro me mi quería explotar y volverse parte del paisaje, parte de esa instantánea de los dos separándonos un cachito del suelo. Te quiero Mariana con toda la rabia te quiero y suena el teléfono y eres tú y no me dices que me extrañas pero llamas y vuelve la calma y se van  las ganas de romper el florero y los cuadros.


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Juan H. Villar

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Monterrey, Nuevo León, Mexico
Mi vida es tan aburrida que tengo que inventarme gustos para parecer interesante (el simple hecho de decir esto confirma la asquerosa pretensión), por eso aquí está un poco de eso que pretendo ser y no soy, de ese alguien que busca que la gente lo mire o lo lea según el medio utilizado. Acompáñame en este viaje de aceptación del mundo y veamos si lo logro, quédate y lee… si es que aun la gente lee blogs.