Notas: Tríptico sobre la nostalgia.


Foto: Eduardo Sandoval (Tríptico sobre la Nostalgia, prueba de color, escena 4)


Notas: “Tríptico sobre la nostalgia”.

Pongo play a la escena por enésima ocasión, están sus ojos, por suerte están siempre sus ojos. Oprimo repetir hasta que me quedo dormido. Me levanta el calor, puto calor, como hace calor en esta pinche ciudad; la pantalla se levanta también aletargada y la imagen tarda de nuevo en aparecer, pero están sus ojos y pongo play. Una voz chillona dice corte y se detiene la escena, es mi puta y espantosa voz, pero están sus ojos y eso está bien. Oprimo siguiente, una claqueta electrónica de gente del futuro, de jóvenes futuristas jugando a algo. Toma “ponte en cuatro” así la nombra la co-directora, se escucha una risa, la del fotógrafo, yo de este lado de la pantalla me río también. Están jugando y se nota. Pienso en lo bueno que era cuando mi amiga Raquel tocaba la puerta de mi casa para ver si iba a salir a jugar ¿Qué habrá sido de Raquel? No importa doy play a otra nueva escena. Mi amiga Mine la maquilla pero no le toca los ojos, así están bien, siempre están bien. Yoko juega con el enfoque y Lalito la deja jugar, tenemos más de 20 años y estamos jugando a algo que no entiendo bien, al menos no ahora que estoy de espectador.
Un escalofrió me recorre la espalda, me tiro a la cama, veo el techo y se oye una grabación: “Que se caiga el techo de una puta vez” sonrió y pienso en lo pinche dramático que soy a veces. Diego dice algo que no se entiende pero mi voz le contesta feliz. Acabo de escribir feliz. La felicidad conmigo es extraña, ser feliz me hace querer llorar. Algún día pondré orden a eso ahora solo sigo mirando sus ojos, debería ser menos evidente, más formal pero que puedo decir, esta ella y pongo pause a mi vida. Perli acomoda las cortinas, ahora que lo recuerdo Fernanda no me las quiere devolver y entonces tuve que poner una sábana en mi ventana. Por mi ventana no pasa mucho, pasa la noche, pasa la luna, pasa todo menos la vida, la vida la tengo acá dentro, en una máquina de 8 de ram y una pantalla que me reconforta y me devuelve algo que no sabía perdido y entonces me siento feliz pero con esa felicidad que te da estar en el piso 35 y ver como todos son pequeños y luego recuerdas que te puedes caer y el vértigo te quiere hacer caer y yo pongo stop y no se detiene la grabación y ella llora en la pantalla y sus ojos pierden color y me matan y me tiran y me dejan mudo y quiero llorar con ella, no con Marisol, si no con ella, la que interpreta, la Mariana que me falta, que le escribo, que no tengo, no con Marisol que le presta los ojos a ella que me vive y cada tanto sale en forma de guión pretencioso y poético. Y ya no me avergüenzo de mis textos porque es lo que hay y me siento orgulloso de conocer a pocas personas pero conocer a las personas justas a Fernanda que me da fuerza, que me quiere y la quiero, que no se cansa de mí cuando ya debería, cuando ya me he esforzado lo suficiente para hartarla y me sigue teniendo paciencia y me digo que debo parar, hacerla enojar menos. Y conozco a Lalito que necesita pocas cosas para conectar con los demás y me presta sus ojos para mirar los de ella y Yoko que me devuelve la sonrisa cada que la veo y pienso que debería creer más en ella porque le sobra talento y la quiero tanto desde esos días en los que empezábamos la carrera y éramos un puñado de tontos soñando. Luego Mine y Perli una suerte de talento que me deja mudo, conocen los colores y los nombran de formas extraños y las respeto tanto. Y luego el wacho que me negaba a conocer y descubrir que es un buen carnal y sentir una bofetada espantosa por mis prejuicios y por ultimo ella, Marisol o la que interpreta a Mariana o sabradios quien sea ya. Me quedo mudo y no quiero describirla porque para que, ya habrá tiempo, además empieza la otra escena y sigue ella y sus ojos, y sus labios y la forma en la que se queda impregnada en el texto y en mi vida. Y de nuevo digo corte y apago las luces, la pantalla y soy feliz jugando hacer cine, no conozco otra manera de hacerlo que jugando.


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Juan H. Villar

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Monterrey, Nuevo León, Mexico
Mi vida es tan aburrida que tengo que inventarme gustos para parecer interesante (el simple hecho de decir esto confirma la asquerosa pretensión), por eso aquí está un poco de eso que pretendo ser y no soy, de ese alguien que busca que la gente lo mire o lo lea según el medio utilizado. Acompáñame en este viaje de aceptación del mundo y veamos si lo logro, quédate y lee… si es que aun la gente lee blogs.